22.8.15

Juan Carlos Mestre (Não me arrependo de nada)





No me arrepiento de nada ni de nadie, la vida es un monólogo
entre la índole extinguida de una estrella y la natural semilla.
Mi alma crece silenciosa hacia un lugar incierto,
allí las fieras luctuosas, allí el sicario gótico y el infortunio ciego.
Brota el arco iris de los cálices que sostuvo Homero,
le brota su cuerno al fauno, el eco al precipicio, su luz al cielo.
Ésta es la frontera de mi vida, ésta la hora izquierda
exacta en el destino del corazón de un prófugo.
Yo iré donde tú vayas vida esquiva, en tempestad, de noche,
junto al fugitivo cazador de las lagunas, con el presidiario absuelto,
yo cruzaré los médanos con lumbre, yo abrasaré los remolinos ciegos.
He sido parcial con los vencidos, seguiré siendo parcial ante los muertos.
Recuerdo de mi infancia tres peligros,
recuerdo el mal, los ojos sin pretexto del maldito,
recuerdo el aire que había en las palabras,
recuerdo un sueño, su prodigio, recuerdo el asno blanco del lechero.
He vagado por ahí, irrevocable, alegre, desmedido,
he ofendido con voluntad a los jerarcas
y al atónito perpetuo en su torre de herrumbre.
Salgo de un lugar y voy a otro, me inspiran compasión las jaulas.
No soy distinto al péndulo en la cueva ni al nadador vendado,
mi mayor habilidad es la pereza de encontrarme con otros a menudo.
De lo mismo que me acusan yo me acuso, jamás mis amuletos me abandonan.
Siento ante la noche una curiosidad equívoca,
tengo ante lo súbito un poder magnético.
Hay un pretérito espectro que no olvido,
hay un rumor lejano del infierno,
hay un enigma hebreo junto al mito.
Mi cuadrilla es inhábil para todo, nada sabe.
Tengo un secreto según la estación del año,
un invariable encargo desde el primer aliento.
Me contradigo siempre, la certeza es la sombra de un delito.
De vez en cuando me asocio con proscritos,
encuentro a mi amigo en la revuelta, me hospedo en un lugar impenetrable.
Sé que existe en la belleza el bosque iluminado y la mujer mágica.
He oído la música del próspero océano y la ligera lluvia sobre el tambor de ébano,
he oído el tímpano y el arpa en las catedrales fúnebres,
la esquila del leproso y la irrevocable campana del jurista.
No he aprendido a sufrir, toda severidad es inhumana.
Yo era, yo fui lo que las manos de un padre ante la generación exhausta,
el encomendado a la mudez, el imprudente ileso.
Cada visión del hombre es una idea nueva que visita el mundo,
el silbato con que un cartero festeja la imitación de Dios.



JUAN CARLOS MESTRE
La tumba de Keats, 1999
(fragmento)




Não me arrependo de nada nem de ninguém, a vida é um monólogo
entre a índole extinta duma estrela e a semente natural.
Minha alma cresce silenciosa para um incerto lugar,
das lutuosas feras, do sicário gótico, do infortúnio cego.
Brota o arco íris dos cálices que Homero empunhou,
brota ao fauno o chifre, o eco ao precipício, a luz ao céu.
Esta a fronteira da minha vida, a hora esquerda
exacta no destino do coração dum desertor.
Eu irei onde tu fores, vida esquiva, de noite, na tempestade,
com o fugitivo caçador das lagoas, o presidiário isento,
eu atravessarei os médãos com lume, abrasarei os cegos remoinhos.
Fui parcial com os vencidos, sê-lo-ei com os mortos.
Três perigos recordo da minha infância,
recordo o mal, os olhos sem pretexto do maldito,
recordo o ar que havia nas palavras,
recordo um sonho, seu prodígio, o asno branco do leiteiro.
Andei por aí, irrevogável, alegre, desmedido,
ofendi com vontade os do mando
e o atónito perpétuo em sua torre de ferrugem.
Saio dum lugar para outro, cheio de compaixão pelas jaulas.
Não sou diferente do pêndulo na gruta, nem do nadador vendado,
minha perícia maior é a preguiça de me encontrar muito com os outros.
Eu me acuso daquilo mesmo que me acusam, nem largo jamais meus amuletos.
Sinto perante a noite uma curiosidade equívoca
e tenho perante o súbito um poder magnético.
Há um pretérito espectro que não esqueço,
um distante rumor do inferno,
um enigma hebreu junto ao mito.
Minha quadrilha é inábil para tudo, nada sabe.
Tenho um segredo segundo a estação do ano,
um encargo invariável desde o primeiro alento.
Contradigo-me sempre, a certeza é a sombra dum delito.
Ligo-me de vez em quando com proscritos,
encontro meu amigo na revolta, hospedo-me num lugar impenetrável.
Sei que existe na beleza o bosque iluminado e a mulher mágica.
Senti a música do próspero oceano, a leve chuva no tambor de ébano,
ouvi o tímpano e a harpa nas catedrais fúnebres,
o chocalho do leproso e o sino do jurista, irrevogável.
Não aprendi a sofrer, toda a severidade é desumana.
Eu era, eu fui as mãos de um pai ante a geração exausta,
o imprudente ileso, o encomendado à mudez.
Cada visão do homem é uma ideia nova visitando o mundo,
o assobio do carteiro a festejar a imitação de Deus.


(Trad. A.M.)

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