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29.8.22

Oliverio Girondo (Que os ruídos te esburaquem os dentes)




Que los ruidos te perforen los dientes,
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: «Mi amor»,
digas: «Pescado frito»;
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.


Oliverio Girondo

[Trianarts]

 

 

Que os ruídos te esburaquem os dentes,
como uma lima de dentista,
e a memória se te encha de ferrugem,
de cheiros horríveis e de palavras rasgadas.
Que te cresça, em cada poro,
uma pata de aranha;
que só possas alimentar-te de baralhos de cartas usadas
e que o sono te reduza à espessura do teu retrato.
Que ao saíres à rua,
até os candeeiros te corram a pontapé;
que um fanatismo invencível te obrigue a ajoelhar
perante os contentores do lixo
e que todos os habitantes da vila
te confundam com um madeiro.
Que quando queiras  dizer: ‘Meu amor’,
digas antes: ‘Peixe frito’;
que as tuas mãos tentem estrangular-te a cada passo,
e que em vez de atirar fora o cigarro,
te atires tu mesmo para dentro do escarrador.
Que a tua mulher te engane até com os marcos do correio;
que ao deitar-se a teu lado
se transforme em sanguessuga,
e depois de parir um corvo,
dê à luz uma chave inglesa.
Que a tua família se divirta a deformar-te o esqueleto,
para que os espelhos, olhando para ti,
se suicidem de repugnância;
que teu único entretimento seja o de te acomodares
na sala de espera dos dentistas,
disfarçado de crocodilo,
e que te enamores, tão loucamente,
de um caixão de ferro,
que não consigas deixar, por um instante sequer,
de lamber-lhe a fechadura.


(Trad. A.M.)

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11.6.21

Oliverio Girondo (Milonga)





MILONGA 



Sobre las mesas, botellas decapitadas de “champagne” con corbatas blancas de payaso, 
baldes de níquel que trasuntan enflaquecidos brazos y espaldas de “cocottes”. 

El bandoneón canta con esperezos de gusano baboso, 
contradice el pelo rojo de la alfombra, imanta los pezones, los pubis 
y la punta de los zapatos. 

Machos que se quiebran en un corte ritual, la cabeza hundida entre los hombros, 
la jeta hinchada de palabras soeces. 

Hembras con las ancas nerviosas, un poquitito de espuma en las axilas, 
y los ojos demasiado aceitados. 

De pronto se oye un fracaso de cristales. 
Las mesas dan un corcovo y pegan cuatro patadas en el aire. 

Un enorme espejo se derrumba con las columnas y la gente que tenía dentro; 
mientras entre un oleaje de brazos y de espaldas estallan las trompadas, 
como una rueda de cohetes de bengala. 

Junto con el vigilante, entra la aurora vestida de violeta. 


Oliverio Girondo 





Sobre as mesas, garrafas decapitadas de champanhe com gravatas brancas de palhaço, 
baldes de níquel que trasladam braços escanzelados e costas de ‘cocottes’. 

O bandoneão canta a espreguiçar-se, como um bicho baboso, 
contradiz o pelo encarnado dos tapetes, imaniza os mamilos, 
o púbis e a ponta dos sapatos. 

Machos a partir-se num corte ritual, de cabeça afundada entre os ombros, 
a fuça inchada de palavras soezes. 

Fêmeas de ancas nervosas, um pouquitito de espuma nas axilas e de olhos oleados de mais. 

Ouve-se de repente um fracasso de vidros. 
As mesas dão um pinote, atiram quatro coices no ar. 

Um espelho enorme desaba com as colunas, mais as pessoas que tinha dentro. A par do guarda, entra a aurora vestida de violeta

 (Trad. A.M.)

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2.8.19

Oliverio Girondo (O que esperamos)





LO QUE ESPERAMOS



Tardará, tardará.

Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.

Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad.
de bosta.

Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres
- no cajas de caudales,
ni perchas desoladas -
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.

Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.


Oliverio Girondo

[Atlas de poesia]




Demorará, demorará.

Eu sei que ainda
os êmbolos,
a usura,
o suor,
as bobinas
continuarão a produzir,
em quantidade,
em série,
iniquidade,
jejum,
rancor,
desespero;
para que as lombrigas de ocos sutiãs,
as vacas de embaixada,
os velhos paquidermes de esfíncter cabeludo,
se saciem de adultérios,
de fastio,
de diamantes,
de caviar,
de remédios.

Já sei que hão-de passar muitos anos
para estes crustáceos
do asfalto
e da sujeira
limparem a cabeça,
afastarem a inveja,
não idolatrarem a sanha,
não adorarem a impostura
e abandonarem sua crosta
de opressão,
de cegueira,
de mesquinhez,
de bosta.

Mas, talvez, um dia,
antes de a terra se cansar de nos atrair
e oferecer o seio,
o cérebro lhes sirva para se sentirem humanos,
homens,
mulheres
- não cofres
nem cabides desolados -
dominarem as rodas,
impedirem que nos matem,
verificarem que a vida arranca e rasga
os coletes de forças de todos os sistemas;
e descobrirem, novamente, que todas as riquezas
estão em nós e não debaixo da terra.

E então...
Ah, nesse dia
abriremos os braços
sem temer que o instinto nos morda as canelas,
nem ter medo de tudo
até da própria sombra;
e seremos capazes de chegar-nos ao pasto,
à noite,
aos rios,
sem rubor,
mansamente,
com as pupilas claras,
comas mãos tranquilas;
e usaremos palavras de substância,
autênticas;
não desses vocábulos eriçados de aversão
que as hienas babam incitando ao ódio,
nem daqueles que abafam
em estrofes xaroposas
com clara de ovo estragado;
mas palavras simples,
de ribeiro,
de raízes,
que nós aproximem um pouco,
em vez de nos separar;
ou melhor ainda
guardaremos silêncio
para tomar o pulso
a tudo o que existe
e viver o milagre de quanto nos cerca,
enquanto alguém nos disser
com uma voz de carvalho
o que desde há séculos
esperamos em vão.

(Trad. A.M.)

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17.4.18

Oliverio Girondo (Crua dicotomia)





DICOTOMÍA INCRUENTA



Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.

Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.

Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.


Oliverio Girondo




Chega sempre minha mão
depois de outra mão a unir-se com a minha
formando uma só mão.

Dou conta quando me sento
que meu corpo se senta em outro corpo
sentado onde me sento.

E no preciso momento
de entrar em casa,
descubro que já lá estava
antes mesmo de entrar.

Por isso é bem possível que não assista ao meu enterro
e que enquanto me reguem de lugares comuns
eu me meta antes no caixão,
vestido de esqueleto,
bocejando com as trivialidades e prantos fingidos.


(Trad. A.M.)

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2.11.17

Oliverio Girondo (Espera)





ESPERA



Esperaba
esperaba
y todavía
y siempre
esperando,
esperando
con todas las arterias,
con el sacro,
el cansancio,
la esperanza,
la médula;
distendido,
exaltado,
apurando la espera,
por vocación,
por vicio,
sin desmayo,
ni tregua.

¿Para qué extenuarme en alumbrar recuerdos
que son pura ceniza?
Por muy lejos que mire:
la espera ya es conmigo,
y yo estoy con la espera…
escuchando sus ecos,
asomado al paisaje de sus falsas ventanas,
descendiendo sus huecas escaleras de herrumbre,
ante sus chimeneas,
sus muros desolados,
sus rítmicas goteras,
esperando,
esperando,
entregado a esa espera
interminable,
absurda,
voraz,
desesperada.

Sólo yo…
¡Sí!
Yo sólo
sé hasta dónde he esperado,
qué ráfagas de espera arrasaron mis nervios;
con qué ardor,
y qué fiebre
esperé
esperaba,
cada vez con más ansias
de esperar y de espera.

¡Ah! el hartazgo y el hambre de seguir esperando,
de no apartar un gesto de esa espera insaciable,
de vivirla en mis venas,
y respirar en ella la realidad,
el sueño,
el olvido,
el recuerdo;
sin importarme nada,
no saber qué esperaba:
¡siempre haberlo ignorado!;
cada vez más resuelto a prolongar la espera,
y a esperar,
y esperar,
y seguir esperando
con tal de no acercarme
a la aridez inerte,
a la desesperanza
de no esperar ya nada;
de no poder, siquiera,
continuar esperando.


Oliverio Girondo

[Life vest under your seat]




Esperava
esperava
e ainda
e sempre
esperando,
esperando
com todas as artérias,
com o sacro
o cansaço,
a esperança,
a medula;
distendido,
exaltado,
apurando a espera,
por vocação,
por vício,
sem desfalecimento,
nem trégua.

Para quê fatigar-me a acender lembranças
que são mera cinza?
Por muito longe que mire,
a espera está comigo
e eu com a espera...
escutando-lhe o eco,
assomado às vistas de suas falsas janelas,
a descer-lhe as escadas ocas de ferrugem,
face às suas chaminés,
seus muros desolados,
suas rítmicas goteiras,
esperando,
esperando,
entregue a essa espera
interminável,
absurda,
voraz,
desesperada.

Só eu...
Sim!
Só eu sei
até onde esperei,
que rabanadas de espera arrasaram meus nervos;
com que ardor
e que febre
esperei
esperava,
cada vez com mais ânsias
de esperar e de espera.

Ah, a fartura e a fome de continuar a esperar,
de não apartar um gesto dessa espera insaciável,
de vivê-la nas veias,
respirar nela a realidade,
o sonho,
o olvido,
a lembrança;
sem nada me importar,
sem saber o que esperava,
ignorando-o sempre;
cada vez mais resolvido a prolongar a espera,
e a esperar,
e esperar,
e continuar esperando,
mas sem me abeirar
da aridez inerte,
da desesperança
de nada já esperar;
de não poder sequer
continuar esperando.

(Trad. A.M.)

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25.12.16

Oliverio Girondo (Restringido propósito)





RESTRINGIDO PROPÓSITO




Demasiado corpóreo,
limitado,
compacto.

Tendré que abrir los poros
y disgregarme un poco.

No digo demasiado.


Oliverio Girondo

17.11.15

Oliverio Girondo (Outro nocturno)





OTRO NOCTURNO



La luna, como la esfera luminosa del reloj de un edificio
público.

¡Faroles enfermos de ictericia! ¡Faroles con gorras de
“apache”, que fuman un cigarrillo en las esquinas!

¡Canto humilde y humillado de los mingitorios cansados
de cantar! Y silencio de las estrellas, sobre el asfalto
humedecido!

¿Por qué, a veces, sentiremos una tristeza parecida a la
de un par de medias tirado en un rincón?, y ¿por qué, a
veces, nos interesará tanto el partido de pelota que el eco
de nuestros pasos juega en la pared?

Noches en las que nos disimulamos bajo la sombra de los
árboles, de miedo de que las casas se despierten de pronto
y nos vean pasar, y en las que el único consuelo es la
seguridad de que nuestra cama nos espera, con las velas
tendidas hacia un país mejor.


Oliverio Girondo



A lua, como a esfera luminosa do relógio de um edifício
público.

Candeeiros doentes de icterícia! Candeeiros com boinas de
‘apache’, a fumar um cigarro nas esquinas!

Canto humilde e humilhado dos mictórios cansados
de cantar! E o silêncio das estrelas, sobre o asfalto
humedecido!

Porque sentiremos, às vezes, uma tristeza parecida
à de um par de meias esquecido num
canto? E porque nos interessará tanto,
às vezes, a partida de bola que o eco
dos nossos passos joga na parede?

Noites em que nos disfarçamos sob a sombra das
árvores, com medo de que as casas de repente
acordem e nos vejam passar, e em que
só nos consola a certeza de que a cama nos espera,
as velas erguidas em direcção a um país melhor.


(Trad. A.M.)

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19.8.15

Oliverio Girondo (Nocturno)





NOCTURNO



Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más
solos. Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. Trote
hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los
patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las
mentiras, y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones. Y a
veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas,
tiene algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el
lomo, y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura
comparable a la de acariciar algo que duerme.

Oliverio Girondo




Estão frios os vidros ao encostar a testa na janela.
Luzes tresnoitadas que nos deixam, quando se apagam,
ainda mais sós. Teia de aranha tecida pelos fios sobre os telhados.
Trote vazio das pilecas que passam e nos emocionam sem razão.
De que nos serve recordar o uivo dos gatos no cio
e qual a intenção dos papéis que se arrastam pelos pátios desertos?
Hora que os trastes velhos aproveitam para sacar as
mentiras e em que as tubagens soltam gritos estrangulados
como se as asfixiassem dentro das paredes.
Noites em que desejamos que nos passem a mão
pelo pêlo e em que subitamente se compreende que não há ternura
que se compare a acariciar algo que dorme.
Às vezes, ao ligar o botão da luz, pensa-se no espanto
que hão-de sentir as sombras e gostávamos de avisá-las
para terem tempo de se aninhar pelos cantos. E, por vezes,
as cruzes dos postes do telefone, sobre os telhados,
têm algo de sinistro e só nos apetece roçarmo-nos
pelas paredes, como um gato ou um ladrão.


(Trad. A.M.)

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21.3.14

Oliverio Girondo (Visita)





VISITA



No estoy.
No la conozco.
No quiero conocerla.
Me repugna lo hueco,
La afición al misterio,
El culto a la ceniza,
A cuanto se disgrega.
Jamás he mantenido contacto con lo inerte.
Si de algo he renegado es de la indiferencia.
No aspiro a transmutarme,
Ni me tienta el reposo.
Todavía me intrigan el absurdo, la gracia.
No estoy para lo inmóvil,
Para lo inhabitado.

Cuando venga a buscarme,
Díganle:
"se ha mudado".


Oliverio Girondo

[Crepusculario siglo XXI]




Não estou,
não a conheço,
não quero conhecê-la.
Repugna-me o vazio,
a afeição ao mistério,
o culto da cinza,
de quanto se decompõe.
Jamais tive contacto com o inerte.
Se de algo reneguei, foi da indiferença.
Não aspiro a transformar-me,
nem o repouso me tenta,
e ainda me intrigam o absurdo, a graça.
Não estou para o imóvel,
para o inabitado.

Quando vier a buscar-me,
digam-lhe apenas:
-“Mudou-se”.

(Trad. A.M.)

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9.11.12

Oliverio Girondo (Tudo é amor)





TODO ES AMOR



Todo es amor, amor
No hay nada más que amor
En todas partes se encuentra amor
No se puede hablar mas que de amor.

Amor pasado por agua
Amor al portador
Amor a plazos
Amor analizable, analizado
Amor ultramarino
Amor ecuestre
Amor de cartón piedra
Amor con leche
Amor con una gran M
Con una M mayúscula
Chorreando de merengue
Cubierto de flores blancas.
Amor con sus accesorios,
Con sus repuestos,
Con sus faltas de puntualidad,
De ortografía
Con sus interrupciones cardíacas
Y telefónicas.

Amor que incendia el corazón de los orangutanes
De los bomberos
Amor que exalta el canto de las ranas
Bajo las ramas
Que arranca los botones
De los botines
Que se alimenta de encelo
Y ensalada.
Amor impostergable
Y amor impuesto
Amor incandescente
Y amor incauto
Amor indeformable
Amor desnudo
Amor, amor
Que es simplemente amor
¡Y nada más que amor!


Oliverio Girondo


[Marcelo Leites]




Tudo é amor, amor
não há nada mais que amor
em todo o lado se encontra amor
não se pode falar senão de amor.

Amor passado por água
amor ao portador
amor a prestações
amor analisável, analisado
amor ultramarino
amor equestre
amor de brincadeira
amor com leite
amor com um grande M
com M maiúsculo
pingando de merengue
coberto de flores brancas.

Amor com seus acessórios,
com suas reposições,
com suas faltas de pontualidade e
de ortografia
com suas paragens cardíacas
e telefónicas.

Amor que incendeia o coração dos orangotangos e
dos bombeiros
amor que exalta o canto das rãs
sob os ramos
que arranca os botões
do calçado
que se alimenta de ciúme
e salada.
Amor impostergável
e amor imposto
amor incandescente
e amor incauto
amor indeformável
amor nu
Amor, amor
que é simplesmente amor
e nada mais que amor!


(Trad. A.M.)

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14.2.11

Oliverio Girondo (Se eu suspeitasse)






(11)


Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto, no me suicido.

Apenas se desvanece la musiquita que nos echó a perder los últimos momentos y cerramos los ojos para dormir la eternidad, empiezan las discusiones y las escenas de familia.

¡Qué desconocimiento de las formas! ¡Qué carencia absoluta de compostura! ¡Qué ignorancia de lo que es bien morir!

Ni un conventillo de calabreses malcasados, en plena catástrofe conyugal, daría una noción aproximada de las bataholas que se producen a cada instante.

Mientras algún vecino patalea dentro de su cajón, los de al lado se insultan como carreros, y al mismo tiempo que resuena un estruendo a mudanza, se oyen las carcajadas de los que habitan en la tumba de enfrente.

Cualquier cadáver se considera con el derecho de manifestar a gritos los deseos que había logrado reprimir durante toda su existencia de ciudadano, y no contento con enterarnos de sus mezquindades, de sus infamias, a los cinco minutos de hallarnos instalados en nuestro nicho, nos interioriza de lo que opinan sobre nosotros todos los habitantes del cementerio.

De nada sirve que nos tapemos las orejas. Los comentarios, las risitas irónicas, los cascotes que caen de no se sabe dónde, nos atormentan en tal forma los minutos del día y del insomnio, que nos dan ganas de suicidarnos nuevamente.

Aunque parezca mentira - esas humillaciones - ese continuo estruendo resulta mil veces preferible a los momentos de calma y de silencio.

Por lo común, éstos sobrevienen con una brusquedad de síncope. De pronto, sin el menor indicio, caemos en el vacío. Imposible asirse a alguna cosa, encontrar una asperosidad a que aferrarse. La caída no tiene término. El silencio hace sonar su diapasón. La atmósfera se rarifica cada vez más, y el menor ruidito: una uña, un cartílago que se cae, la falange de un dedo que se desprende, retumba, se amplifica, choca y rebota en los obstáculos que encuentra, se amalgama con todos los ecos que persisten; y cuando parece que ya se va a extinguir, y cerramos los ojos despacito para que no se oiga ni el roce de nuestros párpados, resuena un nuevo ruido que nos espanta el sueño para siempre.

¡Ah, si yo hubiera sabido que la muerte es un país donde no se puede vivir!


OLIVERIO GIRONDO
Espantapájaros
(1932)





Se eu suspeitasse aquilo que se ouve depois de morto, não me matava.

Mal se desvanece a musiquinha que nos deitou a perder nos últimos instantes e fechamos os olhos para dormir a eternidade, começam as discussões e as cenas de família.

Que desconhecimento de maneiras! Que falta total de compostura! Que ignorância do que é bem morrer!

Nem um bairro de calabreses mal casados, em plena catástrofe conjugal, daria uma noção aproximada das bulhas que se dão a cada instante.

Enquanto um fulano pateia dentro do caixão, os do lado insultam-se como carroceiros e ao mesmo tempo que soa um estrondo de mudança ouvem-se as gargalhadas dos que moram no sepulcro em frente.

Qualquer cadáver se considera no direito de manifestar aos berros os desejos reprimidos ao longo de toda a sua existência de cidadão e, não contente de nos dar a conhecer as suas mesquinhezes e infâmias, cinco minutos depois de nos instalarmos no nosso nicho, faz-nos saber o que opinam sobre nós todos os habitantes do cemitério.

De nada nos serve tapar os ouvidos. Os comentários, os risinhos irónicos, os escombros que nos caem sabe-se lá donde, atormentam-nos de tal modo os minutos do dia que nos dão ganas de novo suicídio.

Embora pareça mentira – essas humilhações – esse estrondo contínuo torna-se mil vezes preferível aos momentos de calma e de silêncio.

Geralmente, estes aparecem com repentes de síncope. Subitamente, sem o menor sinal, caímos no vazio. Impossível agarrar-se a algo, achar uma rugosidade a que apegar-se. A queda nunca mais acaba. O silêncio faz soar o seu diapasão. A atmosfera rarifica-se cada vez mais e o menor ruídinho, uma unha, uma cartilagem que tomba, a falange dum dedo que se desprende, retumba, amplia-se, choca e ressalta nos obstáculos que encontra, mistura-se aos ecos que persistem; e quando parece que vai extinguir-se e fechamos os olhos devagarinho para não ouvir sequer o roçar das pestanas, um novo ruído ressoa que nos espanta o sono para sempre.

Ah, se eu soubesse que a morte é um país onde não se consegue viver!



(Trad. A.M.)

.

3.10.10

Oliverio Girondo (Escrúpulo)






ESCRÚPULO



Me parece que vivo,
que estoy entre los ruidos,
que miro las paredes,
que estas manos son mías,
pero quizás me engañe
y paredes y manos
sólo sean recuerdos
de una vida pasada.
He dicho "me parece"
yo no aseguro nada.


Oliverio Girondo





Parece-me que vivo,
que estou entre os ruídos,
que contemplo as paredes,
que estas mãos são minhas,
mas talvez me engane
e paredes e mãos
sejam apenas lembranças
de uma vida passada.
Eu disse “parece-me”
não asseguro nada.


(Trad. A.M.)


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10.9.10

Oliverio Girondo (Não sou eu quem escuta)






NO SOY QIUEN ESCUCHA




No soy quien escucha
ese trote llovido que atraviesa mis venas.


No soy quien se pasa la lengua entre los labios,
al sentir que la boca se me llena de arena.


No soy quien espera,
enredado en mis nervios,
que las horas me acerquen el alivio del sueño,
ni el que está con mis manos, de yeso enloquecido,
mirando, entre mis huesos, las áridas paredes.


No soy yo quien escribe estas palabras huérfanas.



Oliverio Girondo







Não sou eu quem escuta
esse trote chovido que me atravessa as veias.


Não sou eu quem passa a língua nos lábios,
ao sentir que a boca se me enche de areia.


Não sou eu quem espera,
embrulhado nos nervos,
que as horas me tragam o alívio do sono,
nem o que está com as mãos, de gesso transviado,
olhando, entre meus ossos, as áridas paredes.


Não sou eu quem escreve estas órfãs palavras.


(Trad. A.M.)

.

28.6.10

Oliverio Girondo (Não me importa peva)






NO SE ME IMPORTA UN PITO





No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.



Oliverio Girondo






Não me importa peva que as mulheres
tenham os seios como magnólias ou como passas de figo;
uma pele de ananás ou de papel de lixa.
Dou tanta importância como zero
a que elas amanheçam com hálito afrodisíaco
ou com hálito insecticida.
Sou perfeitamente capaz de suportar-lhes
um nariz que tiraria o primeiro prémio
numa exposição de cenouras;
mas isso sim – aqui sou irredutível – não lhes perdoo,
sob nenhum pretexto, que não saibam voar.
Não sabendo voar, perdem o seu tempo as que quiserem seduzir-me!
Esta – e não outra – foi a razão de me apaixonar,
tão loucamente, por María Luísa.
Que me importavam seus lábios em fascículos e seus ciúmes sulfurosos?
Que me importavam suas extremidades de palmípede
e seus olhares de prognóstico reservado?
María Luísa era uma verdadeira pluma!
Logo de manhãzinha voava do quarto para a cozinha
e da sala para a despensa.
Voando, arranjava-me o banho e a camisa.
Voando, fazia as suas compras e restantes tarefas...
Com que impaciência eu esperava que voltasse, voando,
de algum passeio pelas redondezas!
Lá longe, perdido entre as nuvens, um pontinho cor de rosa.
“María Luísa! María Luísa!”... e em poucos segundos
abraçava-me já com suas pernas de pluma,
para levar-me a voar a qualquer sítio.
Durante quilómetros de silêncio
planeávamos uma carícia
que nos levava ao paraíso;
horas inteiras aninhávamo-nos numa nuvem,
como dois anjos, e de repente
em saca-rolhas, em folha morta,
a aterragem forçada de um espasmo.
Que delícia ter uma mulher tão ligeira...
embora de vez em quando nos faça ver as estrelas!
Que volúpia passar o dia entre as nuvens...
e passar as noites de um voo!
Depois de conhecer uma mulher etérea,
pode ter algum atractivo uma mulher terrestre?
Não haverá deveras diferença de tomo
entre viver com uma vaca ou com uma mulher
com as nádegas a setenta e oito centímetros do chão?
Eu, pelo menos, sou incapaz de compreender
a sedução de uma mulher pedestre,
e por mais que me empenhe em concebê-lo
não consigo sequer imaginar
que se possa fazer amor senão a voar.


(Trad. A.M.)



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