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12.9.22

José María Valverde (Elegia da foto de uma rapariga)




ELEGÍA A LA FOTOGRAFÍA DE UNA MUCHACHA DESCONOCIDA 



Tendrías quince años cuando quedaste inmóvil
aquí, en la cartulina de suavísima niebla.

Te vuelves a mirarnos - con unos ojos negros,
dulces, hondos y frescos como grutas -
desde el escorzo grácil de tu cuerpo.
Dime, ¿de dónde viene tu mirada?
Habla de cosas dulces y pequeñas,
de tu vida, tu casa,
tu piso, bosque umbroso de sueños y recuerdos
–tú eres la cierva blanca en su espesura–
el balcón donde ves pasar las nubes,
los viejos y borrosos retratos de la sala,
las butacas de verde terciopelo gastado,
el piano, negro, mudo, con ecos -como un pozo-
y el bullir y las voces, apagadas
y vagas, de la sombra en los rincones...
(¡Ay tus sueños de niña!
¡Cómo están en el fondo de tus ojos
muriendo dulcemente!
Estrenabas la vida;
aquel día morías y nacías.
Y aquí, en este retrato,
frente al blanco camino,
dejaste tu niñez en la mirada.)
Esa luz que ha quedado contigo prisionera
en tu clara laguna,
es la luz que conservan
las cosas de la abuela puestas en la vitrina.

Ya te habrás olvidado. ¡Qué muerta estás aquí!
¿Dónde estarás ahora?
...Días, calles, olvidos, amores y tristezas,
relojes, calendarios, trajes, cuerpos, ventanas,
tejas, lluvias, tarjetas, zapatos ya gastados,
tranvías, ruedas, nubes, sueños, tardes, mañanas,
inviernos y veranos, rosas secas, revistas,
muertos, libros, silencios, músicas, risas, llantos,
arroyos y caminos, montañas, bosques, mares,
y un montón de minutos iguales como arenas
me separan de ti.
Pero en mi orilla queda tu retrato olvidado.

...Tendrías quince años. Yo, entonces, estaría
paseando mis sueños de niño no sé dónde.
¿Dónde estarás ahora?
Oh muchacha lejana que quizá hubiera amado
de no ser por el tiempo, el tiempo... siempre el tiempo...


José María Valverde

[La ceniza]

 

 

Terias quinze anos quando ficaste parada
aqui, na cartolina de suavíssima névoa.

Viras-te a olhar para nós
– com uns olhos negros, profundos, doces e frescos como grutas –
a partir do perfil grácil de teu corpo.
Diz-me cá, donde vem o teu olhar?
Ele fala de coisas doces e miúdas,
da tua vida, da tua casa, do teu andar,
bosque sombrio de sonhos e de lembranças
- tu és a cerva branca desse bosque -
da varanda onde vês as nuvens a passar,
os velhos e apagados retratos da sala,
os cadeirões de veludo verde já gasto,
o piano, negro, mudo, com eco - como um poço -
e a agitação e as vozes, apagadas
e vagas, da sombra nos cantos…
Ai sonhos teus de menina,
lá no fundo dos teus olhos, morrendo docemente!
A vida a estrear,
naquele dia morrias  e renascias.
E aqui, neste retrato,
em frente ao caminho branco.
deixaste no olhar a tua meninice.
Essa luz que ficou presa contigo
é a mesma que conservam
as coisas da avó guardadas na vitrina.

Já te esqueceste, se calhar. Que morta que estás aqui!
Onde andarás tu agora?
… Dias, ruas, olvidos, amores e tristezas,
relógios, calendários, vestidos, corpos, janelas,
telhas, chuvas, sapatos já gastos,
eléctricos, rodas, nuvens, sonhos, tardes, manhãs,
invernos e verões, rosas secas, revistas,
mortos, livros, silêncios, músicas, risos, prantos,
ribeiros e caminhos, montanhas, bosques, mares,
tudo isso me separa de ti.
Mas junto de mim resta o teu retrato esquecido.

Terias então quinze anos. E eu andaria a passear
os meus sonhos de menino, sei lá por onde.
Onde é que andarás tu agora?
Ó rapariga distante, que eu teria porventura amado,
se não fosse o tempo, o tempo… sempre o tempo!...


(Trad. A.M.)

 .

21.7.21

José María Valverde (Deixo-vos tudo)




Todo os lo dejaré cuando me muera;                     
las rosas que yo solo comprendía,
mi aire, mi cielo y luz, mi noche y día,
mi asombro de existir, mi vida entera.

Y pues completa dárosla quisiera,
tomad también la gota de armonía
que a ese mundo he añadido, mi poesía
con su revelación en mi manera.

...Pero sé que aunque os deje voz y trino
me llevaré al silencio eterno, muerto,
este modo de ver que me arrebata,

este mundo inefable que adivino,
esta revelación que nunca acierto
a expresar, que me aprieta y que me mata.


José María Valverde

 

 

Deixo-vos tudo quando morrer,
as rosas que só eu compreendia,
meu ar e meu céu, minha noite e meu dia,
meu assombro de viver, minha vida toda.

E pois que toda vo-la quero dar,
tomai também a gota de harmonia
que acrescentei ao mundo, a poesia
que desde sempre cultivei.

Deixando-vos a voz e o trinado,
levo comigo para o silêncio eterno
este modo meu que me arrebata,

este mundo inefável que adivinho,
esta revelação que me cala dentro do peito,
que não expulso e que me mata.


(Trad. A.M.)

.

1.7.21

José María Valverde (O silêncio)




EL SILENCIO      


Yo te espero, mi amor, para el silencio.
¿Para qué cantar más cuando ya seas cierta?

Cansado de gritar de maravilla,
cansado del asombro sin palabras,
me callaré despacio, como el niño feliz
que se duerme, en las manos el juguete.

Tardarás mucho tiempo en dormirme del todo,
en borrarme los últimos recuerdos que me hieren,
lentísimos recuerdos sin forma ni sustancia;
sombra más bien, o sangre y carne casi,
con raíces que entraron mientras iba creciendo.

Y tendré el blanco sueño de la infancia
desde el que hablaba a Dios, aun a mi lado;
aquel sueño, tan cerca de la muerte,
que podía llegar, serena, clara,
a volverme a mi origen, aun casi en el recuerdo.

Sueño que no será como el de ahora,
lleno de ávidos pozos, de agujeros
que de repente se abren a la nada;
porque tendrá, disuelta en su materia,
como nana de madre,
tu voz muda, la luz de tu existencia,
tapizando las salas de mi sueño.

No me pidas que cante cuando vengas.
Cansado estoy del canto. Tú has de ser la paz última,
el blanco umbral de Dios...

Sólo oirás mi silencio, como rumor de fuente,
como la paz de un lago, creada por tus manos,
trayéndote el reflejo de Dios para alabarte.
Confundidas las almas
en las anchas llanuras del silencio, en su noche
sin borde, esperaremos...

José María Valverde

 

 

Espero por ti, meu amor, para o silêncio.
De que servirá cantar ainda, quando tu fores verdade?

Cansado de gritar maravilhado,
cansado do assombro sem palavras,
calar-me-ei devagar, como a criança
que adormece com o brinquedo nas mãos.

Muito tempo levarás a adormecer-me de todo,
a apagar as lembranças que me doem,
lentíssimas lembranças sem forma nem substância;
sombra sim, ou sangue e carne quase,
com raízes que entraram enquanto eu ia crescendo.

E terei aquele sonho branco da infância,
donde falava com Deus, ainda a meu lado;
aquele sonho, tão perto da morte,
que podia vir, serena, clara,
levando-me à origem, quase na lembrança.

Sonho que não será como este de agora,
cheio de poços ávidos, de buracos
que se abrem de repente para o nada;
porque terá como canção de embalar
tua voz muda, a luz da tua vida
forrando as salas do meu sonho.

Não me peças que cante quando vieres,
que estou cansado do canto. Tu hás-de ser a paz última,
a soleira branca da porta de Deus…

Ouvirás apenas meu silêncio, como rumor de fonte,
como a paz de um lago, criada por tuas mãos,
trazendo até ti o reflexo de Deus.

Confundidas as almas
nas largas planícies do silêncio, em sua noite
sem beira, esperaremos…


(Trad. A.M.)

 .

16.6.21

José María Valverde (Nos anos da fome)




En los años del hambre -como dicen
los que no la han saciado todavía-
estudiantillo imberbe, acompañé
algún tiempo, en mañanas de domingo,
a los visitadores de los pobres,
sencillos caballeros, casi todos
profesores modestos y abstraídos,
de raído gabán y claras gafas.
Entre el barro o el vaho, avergonzados
de dar un duro en vales para pan,
tomados por algunos como agentes
de la Embajada nazi, comprobaban
lo mismo, año tras año, consternados:
la familia entre latas, con el cerdo,
padres y niños, todos sifilíticos,
menos la mayorcita, que era de antes
que el marido… “los malos compañeros,
¿sabe?” -casi en defensa, la mujer-
“lo que le pasa a un hombre”; y en la esquina,
un muchacho tullido -“y menos mal”,
según la madre, “que al fundarse el chico
yo estaba muy robusta”-; éste pedía
libros, pero ¿cuál darle a un pobre inmóvil?
(yo le llevé María Chapdelaine);
y, como única baja, la gallega
muerta de hambre, dejando dos hijitas,
pero con gran entierro de un Seguro
que, en nuestras mismas huellas, les cobraba
más de nuestra limosna, porque el pobre
quiere morir en grande, por el miedo
de seguir siendo pobre al otro lado…
Luego, en la fría sala parroquial,
decía el presidente, en grave rito: .
“¿Se aprueba el acta ?” y todos, abrumados,
bajaban la cabeza: “Sí, se aprueba”.


José María Valverde

 

 

Nos anos da fome – como dizem
os que ainda a não saciaram –
estudantito imberbe, acompanhei
algum tempo, aos domingos de manhã,
os visitadores dos pobres,
cavalheiros simples, quase todos
professores modestos e absortos,
de capote coçado e óculos claros.
No meio da lama ou do bafio, envergonhados
de dar um duro em vales para pão,
tomados às vezes por agentes
da embaixada nazi, constatavam
o mesmo, consternados, ano após ano:
a família no meio de latas, com o porco,
pais e filhos, todos sifilíticos.
menos a maiorzinha, que era de antes
do marido… ‘más companhias, sabe?’
- a mulher, à defesa -
‘o que acontece a um homem’; e na esquina,
um rapaz paralítico – ‘e menos mal’,
dizia a mãe, ‘que ao tempo da gravidez
eu estava robusta’; ele pedia livros,
mas que livro dar a um pobre paralítico?
(eu levei-lhe a Marie Chandelaine);
e como baixa única, a galega
morta de fome, deixando duas filhitas,
mas com um grande enterro de estadão,
de custo superior à nossa esmola, pois o pobre
quer morrer em grande, com medo de no outro mundo
continuar a ser pobre…
Depois, na fria sala da sacristia,
o presidente dizia, grave, na fórmula ritual:
-‘Aprova-se a acta?’ e todos, esmagados,
baixavam a cabeça: ‘Sim, aprovada’.


(Trad. A.M.)


>>  A media voz (24 p) /  Wikipedia

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