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28.11.23

Manuel Vilas (Cocaína)




COCAINA 

 

Luz de la ciudad, te bebemos de noche.
 

Hacemos el amor tan cerca de la cocina,
es tan pequeño este piso,
que llega el olor de las tuberías como un olor de santidad
pegajoso y sucio,
sintético y torcido,
demasiado calor,
por todo tu cuerpo con tatuajes y escamas.
 

Luz de la ciudad, eres blanca como el sol.
 

Conozco gente de cincuenta y cinco años
que ocupa puestos importantes bajo las luces de la ciudad,
que hablan un español inmaculado,
que tienen el poder y la dicha social,
pero que no hacen el amor como tú y yo lo hacemos,
-si es que es amor y no mentira-
con esos gritos arrancados
-si es que son gritos y no ficciones-
a la piel, a la lengua, al ácido
de las enigmáticas baldosas del suelo,
que apenas aman así, a la manera nuestra
-rabia y poco futuro, ira y poca compasión-
y yo no entiendo que la vida sea otra cosa
que las blancas cabelleras
de tu carne hipócrita y regiamente desnuda
como si sonasen los himnos nacionales de Francia y Alemania,
de Rusia y España, de Suecia y Finlandia,
no en mitad de una Olimpiada,
sino en mitad de los extrarradios industriales.
 

Luz de la ciudad, te bebemos de noche.
 

A veces no nos dormimos en la madrugada y pensamos en Marte
y pensamos en las cenizas de los crematorios ascendiendo
-cuerpos carbonizados, gente que nació para decorar el cielo-
buscando su tumba en el aire contaminado
-el aire pleno de cenizas humanas que vienen de la tierra,
culos y lenguas, fémures y sacros, hígados y simiente-
siete horas seguidas mirando el plafón dorado allá en el techo
de un dormitorio traspasado por ruidos
de coches viejos y lejanos,
de puertas de vecinos que se abren;
y miramos una ventana,
presintiendo a través de las rendijas
la fuerza de las grúas que crean la vida y la historia.
 

Luz de la ciudad, te bebo desnudo.
 

Cuando tenga setenta años y ya no pueda,
ábreme en canal,
y tira mi corazón a los perros.
Y tú come con ellos,
pelea con ellos para que te dejen morder,
muérdelo como tú sabes,
perra,
mi corazón.
 

Te quiero.
 

Te quiero tanto.
 

Te quiero,
como los dinosaurios quieren la luz de las estrellas para beberla de noche,
como los leones en África devoran cebras con los riñones plenos de basura,
como los blancos comen negros con el corazón pleno de ilusiones blancas.
 

Luz de la ciudad, eres mi novia, mi espejo y mi alegría.
 

Me paso las noches gritando.
Contra la oscuridad, contra la luna,
gritando.
Desnúdate, perra,
gritos en mitad de la madrugada,
en mitad de las escaleras de los pisos baratísimos:
exaltación, demasiada exaltación.
 

Todo está blanco.
 

Desnúdate, perra. ¿Tiemblas? ¿Te asusto?
 

Luz de la ciudad, te bebemos de noche.
 

Luz de la ciudad, que también ilumina
a los perros,
a los negros,
a los niños,
a los santos,
a los resucitados,
a los ancianos,
a los pobres,
a los asesinos,
y a las mujeres,
 a las iniluminables mujeres.
 

Luz de la ciudad, te bebemos de noche.
 

Luz de la ciudad sobre tu cabello de ceniza Sulamita.
 

Tengo muchas ganas esta noche.
Te mataré. Te lo daré. Te daré eso.
Nos casaremos. Te lo daré, lo juro.
 

Te quiero.

 

Manuel Vilas

[Revista Turia]


 

 

 Luz da cidade, bebemos-te de noite.
 

Fazemos amor tão perto da cozinha,
é tão pequeno este andar,
que nos vem o cheiro das tubagens como um cheiro de santidade,
sujo e peganhento,
sintético e retorcido,
calor de mais,
por todo o teu corpo com escamas e tatuagens.
 

Luz da cidade, branca como o sol.
 

Conheço pessoas de cinquenta e cinco anos
ocupando lugares importantes sob as luzes da cidade,
que falam um espanhol imaculado,
que têm poder e posição social,
mas não fazem amor como eu e como tu
- se é que é amor e não mentira -
aos gritos
- se é que são gritos e não ficções -
arrancados à pele, à língua, ao ácido
dos mosaicos do piso,
que mal amam assim, ao nosso modo
- raiva e pouco futuro, ira e não compaixão -
e eu não entendo que a vida seja outra para além das brancas cabeleiras
de tua carne hipócrita e nua
como se tocassem os hinos nacionais de França e Alemanha,
de Rússia e Espanha, de Suécia e Finlândia,
não a meio dos Jogos Olímpicos,
mas a meio dos extra-rádios industriais.
 

Luz da cidade, bebemos-te de noite.
 

Às vezes não dormimos, de madrugada,
e pensamos em Marte
e nas cinzas dos crematórios subindo
- corpos carbonizados, gente que nasceu para decorar o céu -
a buscar o sepulcro no ar contaminado
- o ar carregado de cinzas humanas que vêm da terra,
línguas e cus, sacros e fémures, fígados e semente -
sete horas seguidas olhando a luz dourada no tecto
de um quarto trespassado por ruídos de carros velhos e distantes,
de portas de vizinhos que se abrem;
e olhamos uma janela,
pressentindo pelas frestas
a força das gruas que criam a vida e a história.
 

Luz da cidade, bebo-te desnudo.
 

Quando eu tiver setenta anos e já não puder,
abre-me o peito
e atira meu coração aos cães.
E come com eles também,
bulha com eles para te deixarem morder,
morde-o como tu sabes,
cachorra,
meu coração.
 

Amo-te.
 

Amo-te tanto.
 

Amo-te,
como amam os dinossauros a luz das estrelas para a beberem de noite,
como os leões em África devoram zebras com os rins cheios de lixo,
como os brancos comem os negros com o coração cheio de brancas ilusões.
 

 Luz da cidade, minha noiva, meu espelho, minha alegria.
 

Passo as noites a gritar.
Contra o escuro, contra a lua, gritando.
Despe-te, cachorra,
gritos a meio da madrugada,
a meio das escadas dos andares baratíssimos:
exaltação, demasiada exaltação.
 

Tudo está branco.
 

Despe-te, cachorra. Estás a tremer? Com medo de mim?
 

Luz da cidade, bebemos-te de noite.
 

Luz da cidade, que também ilumina
os cães,
os negros,
as crianças,
os ressuscitados.
os anciãos
os pobres,
os assassinos,
e as mulheres
as inilumináveis mulheres.
 

Luz da cidade, bebemos-te de noite.
 

Luz da cidade sobre teu cabelo de cinza Sulamita.
 

Tenho muita vontade esta noite.
Vou-te matar. Vou-to dar. Vou-te dar aquilo.
Casamo-nos. Vou-to dar, juro.
 

Amo-te.


(Trad. A.M.)

.

10.4.22

Manuel Vilas (Mulheres)




MUJERES           

 

No las ves que están agotadas,
que no se tienen en pie,
que son ellas las que sostienen cualquier ciudad,
todas las ciudades.

Con el matrimonio, con la maternidad,
con la viudedad, con los golpes,
ellas cargan con este mundo,
con este sábado por la noche donde ríen un poco
frente a un vaso de vino blanco y unas olivas.

Cargan con maridos infumables,
con novios intratables,
con padres en coma,
con hijos suspendidos.

Fuman más que los hombres.
Tienen cánceres de pulmón, enferman,
y tienen que estar guapas.

Se ponen cremas, son una tiranía las cremas.
Perfumes y medias y bragas finas y peinados
y maquillaje y zapatos que torturan.

Pero envejecen.
No dejan las mujeres tras de sí nada,
hijos, como mucho,
hijos que no se acuerdan de sus madres.

Nadie se acuerda de las mujeres.
La verdad es que no sabemos nada de ellas.
Las veo a veces en las calles, en las tiendas, sonriendo.

Esperan a sus hijos a la salida del colegio.
Trabajan en todas partes.
Amas de casa encerradas en cocinas que dan a patios de luces.
Sonríen las mujeres, como si la vida fuese buena.
En muchos países las lapidan.
En otros las violan.
En el nuestro las maltratan hasta morir.
Trabajan fuera de casa, y trabajan en casa,
y trabajan en las pescaderías o en las fábricas
o en las panaderías o en los bares o en los bingos.

No sabemos en qué piensan
cuando mueren a manos de los hombres.


Manuel Vilas



Não as vês, que estão de rastos,
não se aguentam em pé,
são elas que sustentam a cidade,
qualquer cidade.

Com o casamento e a maternidade,
com a viuvez, mais os golpes,
elas carregam com este mundo,
com este sábado à noite onde riem um pouco
frente a um copo de branco e algumas azeitonas.

Carregam com maridos infumáveis,
com noivos intratáveis,
com pais em coma,
com filhos suspensos.

Fumam mais do que os homens,
têm cancro de pulmão, adoecem,
e têm de estar lindas.

Põem cremes, a tirania dos cremes.
perfumes e meias e roupa fina e penteados,
e maquilhagem e sapatos que são um suplício.

Mas envelhecem.
Não deixem, as mulheres, nada para trás de si,
filhos, quando muito, filhos
que depois não se lembram das mães.

Ninguém se lembra das mulheres,
a verdade é que nada sabemos delas,
vejo-as na rua às vezes, nas lojas, sorrindo.

Esperam os filhos à porta do colégio,
trabalham em todo o lado,
donas de casa encerradas em cozinhas que dão para pátios interiores.
Sorriem as mulheres, como se a vida fosse boa.
Nalguns países lapidam-nas,
noutros violam-nas,
aqui no nosso maltratam-nas até à morte.
Trabalham fora de casa, e trabalham em casa,
trabalham nas peixarias ou nas fábricas,
ou padarias, ou bares, ou nos bingos.

Não sabemos o que é que pensam
quando morrem às mãos dos homens.


(Trad. A.M.)

.

12.4.21

Manuel Vilas (Cincinnati)



CINCINNATI



Llegué casi a la medianoche a Cincinnati,
media hora de taxi desde el aeropuerto hasta el hotel,
y las luces de la ciudad al final de la autopista. 

Al día siguiente vi el río Ohio y mi alma se alegró. 

Desde una colina vi el río dividiendo dos Estados,
a un lado Kentucky, al otro Ohio,
con sus puentes, sus barcos, sus camiones,
y abajo, el agua turbia, y los rascacielos de la ciudad. 

Me decía a mí mismo la palabra Cincinnati,
como una oración, como una palabra sagrada
que le robara a la oscuridad un sol merecido. 

Llamé a mi hijo pequeño a España para decirle que estaba aquí,
en esta ciudad y al lado de este río,
y nadie descolgó el teléfono. 

Vi que llevaba cuarenta llamadas realizadas. 

Comí en un restaurante asiático,
comí arroz y un pez de agua dulce,
era un día primaveral, con brisa y luz,
y pensé: ojalá encontrara trabajo aquí,
una casa, una familia, unos hijos, un perro.

Ojalá encontrara aquí un sol merecido.

 Y decía todo el rato Cincinnati,
porque parecía una palabra sanadora,
porque parecía una palabra italiana,
porque parecía la palabra perfecta
para decir adiós a quien fui. 

Después de comer hice la llamada cuarenta y uno. 

Me alojé en el Fairfield, un hotel agradable
en el barrio de la universidad, había gente joven
por las calles, gente alegre, bebiendo cerveza,
di un paseo y otra vez
dije Cincinnati, porque es una fiesta
esa palabra, un desfile de íes que bailan en mi alma. 

Quiero vivir treinta años más, Cincinnati,
quiero llegar a ser octogenario. 

Necesito toda la vida del planeta Tierra.
No puedo morir ahora,
cuando me quedan tantas cosas por hacer. 
Hice otra llamada. 

Hola, hijo, estoy en Cincinnati,
es una ciudad preciosa,
¿qué quieres que te compre, cariño?,
terminé diciéndole a la recepcionista
afroamericana del Fairfield en español,
y ella no entendió ni una palabra,
pero al menos me escuchaba,
y me miró con ojos incrédulos,
pero también apenados. 

Abril del año dos mil dieciocho,
tengo cincuenta y cinco años,
y dije mil veces la palabra Cincinnati.


Manuel Vilas




Cheguei perto da meia-noite a Cincinnati,
meia hora de táxi do aeroporto até ao hotel,
e as luzes da cidade no fim da auto-estrada.

Dia seguinte vi o rio Ohio e a alegria nasceu-me na alma.

De cima de uma colina vi o rio a dividir dois Estados,
de um lado Kentucky, do outro Ohio,
com suas pontes, seus barcos, seus camiões,
e em baixo. a água turva e os arranha-céus da cidade.

Dizia a mim mesmo a palavra Cincinnati,
como uma oração, como palavra sagrada
que roubasse à escuridão um sol merecido.

Liguei para o meu filho pequeno em Espanha a dizer-lhe que estava aqui,
nesta cidade, à beira do rio,
e ninguém atendeu.

Reparei que já levava quarenta chamadas.

Comi num restaurante asiático,
um arroz e peixe de rio,
era um dia de primavera, com brisa e luz,
e pensei: oxalá encontrasse trabalho aqui,
uma casa, família, filhos, um cão.

Oxalá encontrasse aqui um sol merecido.

E dizia Cincinnati a cada instante,
porque me parecia uma palavra milagrosa,
uma palavra italiana,
a palavra perfeita para dizer adeus àquele que fui.

Depois de comer fiz a chamada quarenta e um.

Alojei-me no Fairfield, um hotel agradável
no bairro da universidade, havia gente nova
nas ruas, pessoas alegres a beber cerveja,
dei um passeio e mais uma vez
disse Cincinnati, porque tal palavra é uma festa,
um desfile de is a bailarem na minha alma.

Quero viver trinta anos mais, Cincinnati,
quero chegar a octogenário.

Preciso de toda a vida do planeta Terra.
Não posso morrer agora,
quando me falta fazer tanta coisa.
Fiz outra chamada.

Olá filho, estou em Cincinnati,
é uma cidade fantástica,
o que queres que te compre, querido?
- terminei, em espanhol, virado para a recepcionista do hotel,
uma afro-americana, que não percebeu uma palavra,
mas ao menos escutava-me,
olhando para mim com olhos incrédulos,
mas também compassivos.

Abril, dois mil e dezoito,
tenho cinquenta e cinco anos,
e disse mil vezes a palavra Cincinnati.

(Trad. A.M.)

.

16.5.18

Manuel Vilas (Ode a Marte)





ODA A MARTE



Veo fotos de Marte en internet. Y me pongo a llorar.
Marte me recuerda a mi infancia, cuando miraba al cielo en
las noches estrelladas y sentía que la vida sólo era futuro.
Quizá Marte sea el futuro. Yo creo haber estado en Marte,
haber cogido alguna de esas piedras marcianas y haberla
arrojado contra el cielo. No me es desconocido Marte. Marte
me devuelve la fe en la vida, en mi vida.
Es una prueba de que
existen la grandeza y el silencio. Grandes avenidas de Marte,
con sus rascacielos de frío. Marte muerto porque nadie lo
contempla, pero tan vivo en esa muerte. Porque los hombres
no contemplan simplemente, sino que devoran. Así que es
mejor, querido Marte, que hagas lo posible por alejarte unas
cuantas órbitas de nosotros, o te invadiremos. Y lo que hoy
es silencio y pesadilla del no-ser, a lo mejor se convierte en
New Marte, en ciudades con casinos, en autopistas, en
aeropuertos, en hoteles, en centros comerciales, en rascacielos,
en casas de pisos, en subterráneos heladores, en cementerios,
en pistas de tenis, en piscinas cubiertas, en campos de golf, en
basureros florecientes, en naves industriales, en fábricas, en
zoos, en cárceles. Oh, Marte, llévame contigo ahora que
todavía no hay nadie en ti, déjame pasear por tu cuerpo sin
caminos, déjame volver a la tierra antes del mundo, a la tierra
quinientos mil años antes de Cristo. Pisar Madrid entonces.
Pisar Nueva York entonces. Pisar París entonces. Pisar el
viento. Las cuevas. Las colinas. Las piedras. Marte, te quiero.
Cásate conmigo, yo también soy un ángel que vaga en este
cosmos enamorado. Marte, amado mío, lárgate de aquí.
Lárgate, tío, ahí tan cerca peligras.


Manuel Vilas





Vejo fotos de Marte na internete. E ponho-me a chorar.
Marte lembra-me a infância quando olhava para o céu em
noites estreladas e sentia que a vida era só futuro.
Talvez Marte seja o futuro. Eu creio que estive em Marte,
apanhei uma dessas pedras marcianas e atirei-a
contra o céu. Marte não me é desconhecido, Marte
restitui-me a fé na vida, na minha vida. É uma prova
de que a grandeza e o silêncio existem. Grandes avenidas de Marte,
com seus arranha-céus de frio. Marte morto porque ninguém o
contempla, mas nessa morte tão vivo. Porque os homens
 não contemplam apenas, antes devoram. Daí que seja
melhor, querido Marte, fazeres o possível por te afastar de nós
umas quantas órbitas, ou vamos-te invadir. E aquilo que hoje
é silêncio e pesadelo do não-ser pode converter-se em
New Marte, com cidades de casinos, auto-estradas
aeroportos, hotéis, centros comerciais, arranha-céus,
casas de andares, subterrâneos, cemitérios,
pistas de ténis, piscinas cobertas, campos de golfe,
lixeiras florescentes, naves industriais, fábricas, zoos,
cadeias. Oh, Marte, leva-me contigo, agora
que não tens ainda ninguém, deixa-me passear por teu corpo
sem caminhos, voltar à terra antes do mundo, à terra
de quinhentos mil anos antes de Cristo. Pisar Madrid de então,
Nova Iorque de então, Paris de então, pisar o vento,
as grutas, as colinas, as pedras. Marte, amo-te,
casa comigo, também eu sou um anjo vagando neste
cosmos enamorado. Marte, meu amigo, manda-te daqui.
Manda-te, pá, aí tão perto corres perigo.

(Trad. A.M.)
.

30.4.16

Manuel Vilas (Delia's gone)





DELIA'S GONE



Bendito sea el suicidio.

Lo mejor de nuestro amor fue suicidarnos.

Tantos suicidas en París, en Nueva York,
en Ginebra, en Londres, en Estocolmo y en Madrid.

Hombres y mujeres que se arrojan por las ventanas,
desde décimos o undécimos pisos,
intentando volar en el absurdo viento de las ciudades.

Bendito sea el suicidio, que nos iguala a los ángeles
más famosos en las rutinarias gradas del Universo.

Es temperamental, la muerte por amor.

Suicídate, no significa nada, el mundo resplandecerá
aún más y no habrá tristeza alguna porque nadie te ama ya.

Hombres y mujeres que dispararon negras pistolas
contra sus inocentes y vencidas sienes,
que castigaron su aparato digestivo
con cápsulas verdes y blancas, rojas y amarillas.

No soporté que me abandonaras, amor mío.

No soporté quedarme sin trabajo, amor mío.

No podía verte con otra, amor mío.

San Ian Curtis, San Mariano José de Larra, Santa Silvia Plath,
la santa horca, la santa pistola y el santo gas,
y el amor siempre,
el amor
tan asesino.

Di adiós a tu cuerpo, se ha quedado vacío.

Bendito sea el suicidio,
que nos aleja de la mirada de todos los Emperadores.

Bendito sea el suicidio, el gran adiós de los lunáticos.

Qué bella es la muerte y su hermano el sueño,
dijo un inglés ilustre.

No podía soportar las nubes, el mar, las calles,
amor mío.

Cúbreme de tierra, estaré bien no estando,
amor mío.

Cómprame un ataúd barato, estará bien así.

No hace falta que me recuerdes, amor mío.


Manuel Vilas

[Revista Turia]



Bendito seja o suicídio.

Do nosso amor o melhor foi suicidarmo-nos.

Tantos suicidas em Paris, Nova Iorque, Genebra, Londres, Estocolmo, Madrid.

Homens e mulheres que se atiram pelas janelas,
do alto de dez ou onze pisos,
a tentar voar no vento absurdo da cidade.

Bendito seja o suicídio, que nos iguala aos anjos
mais famosos na escala do Universo.

É temperamental, a morte de amor.

Suicida-te, não significa nada, o mundo resplandecerá
mais ainda e não haverá tristeza alguma porque ninguém te ama já.

Homens e mulheres que dispararam negras pistolas
contra os miolos, que castigaram o estômago
com pírulas verdes e brancas, vermelhas e amarelas.

Não aguentei que me abandonasses, amor meu.

Não aguentei, amor meu, ficar sem trabalho.

Não podia ver-te com outra, amor meu.

São Ian Curtis, São Mariano José de Larra, Santa Sylvia Plath,
a santa forca, a santa pistola e o santo gás,
e o amor sempre,
o amor
assassino.

Diz adeus a teu corpo, que está vazio.

Bendito seja o suicídio,
que nos afasta dos olhos de todos os Imperadores.

Bendito seja o suicídio, o grande adeus dos lunáticos.

Que bela a morte e o sono seu irmão,
como disse um inglês ilustre.

Não podia já aguentar as nuvens, o mar, as ruas,
amor meu.

Compra-me um caixão barato, é quanto basta.

Nem é preciso que me lembres, amor meu.

(Trad. A.M.)

.

18.4.16

Manuel Vilas (O último Elvis)





EL ÚLTIMO ELVIS



Respeta siempre la destrucción de las mujeres
y de los hombres que amaron o intentaron, al menos, amar
la vida y esta les quemó o les rompió los huesos de la cara,
las entrañas y las venas y el hígado y el buen corazón,
respeta todos los sagrados y los más humildes hundimientos
de los seres humanos.

Respeta a quienes se suicidaron.

Respeta a quienes se arrojaron a los océanos.

No hables mal de ellos, te lo ruego, te lo pido de rodillas.

Ama a toda esa gente, esa muchedumbre, ese río amarillo
de la Historia de todos cuantos perdieron tan injustamente,
o tan justamente,
da igual.

Gente que aceleró en una curva.

Gente que escondía botellas en los rincones de su casa.

Gente que lloraba en los parques de las afueras de las ciudades.

Gente que se envenenaba con pastillas, con alcohol,
con insomnios aterradores, con veinte horas de cama todos los días.

Lo intentaron, pero no lo consiguieron.

Gente a quien le sobraba tres cuartas partes de su pequeño frigorífico.

Gente que no tenía con quién hablar semanas enteras.

Gente que no comía por no comer sola.

Son hermosos igualmente, te lo juro.

Resplandecerán un día.

Nombremos todo aquello
que nos convirtió en seres humanos.

Para que no haya miedo, ni envidia, ni maldad.

Amo, celebro, y exalto todos los hundimientos
de todos los seres humanos que pisaron este mundo.

Porque el fracaso no existió jamás,
porque no es justo el fracaso y nadie merece fracasar,
absolutamente nadie.


Manuel Vilas

[La galla ciencia]




Respeita sempre a destruição das mulheres
e dos homens que amaram ou ao menos tentaram amar
a vida e esta queimou-os ou quebrou-lhes os ossos da cara,
as entranhas e as veias, o fígado e o bom coração,
respeita os consagrados e os mais humildes afundamentos dos seres humanos.

Respeita os que se suicidaram.

Respeita os que se atiraram aos oceanos.

Não fales mal deles, peço-te, imploro de joelhos.

Ama-me essas pessoas, essa multidão, esse rio amarelo
da História, de todos quantos perderam tão injustamente,
ou tão justamente,
dá no mesmo.

Pessoas que aceleraram numa curva.

Pessoas que escondiam garrafas nos cantos da casa.

Pessoas que choravam nos parques dos subúrbios das cidades.

Pessoas que se envenenavam com pastilhas, com álcool,
com insónias terríveis, com vinte horas de cama por dia.

Tentaram, mas não conseguiram.

Pessoas a quem sobravam três quartos do frigorífico, dos pequenos.

Pessoas sem ter com quem falar semanas inteiras.

Pessoas que não comiam, para não comerem sozinhas.

São belos na mesma, juro-te.

Um dia hão-de brilhar.

Nomeemos tudo quanto os converteu em seres humanos.

Para que não haja medo, nem inveja, nem maldade.

Amo, celebro e exalto todos os afundamentos
de todos os seres humanos que pisaram este mundo.

Porque o fracasso não existiu jamais,
porque não é justo o fracasso nem ninguém merece fracassar,
absolutamente ninguém.

(Trad. A.M.)




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