HIMNO A
LA JUVENTUD
A qué
vienes ahora,
juventud,
encanto
descarado de la vida?
Qué te
trae a la playa?
Estábamos
tranquilos los mayores
y tú
vienes a herirnos, reviviendo
los más
temibles sueños imposibles,
tú
vienes para hurgarnos las imaginaciones.
De las
ondas surgida,
toda
brillos, fulgor, sensación pura
y
ondulaciones de animal latente,
hacia la
orilla avanzas
con
sonrosados pechos diminutos,
con
nalgas maliciosas lo mismo que sonrisas,
oh diosa
esbelta de tobillos gruesos,
y con la
insinuación
(tan
propiamente tuya)
del
vientre dando paso al nacimiento
de los
muslos: belleza delicada,
precisa
e indecisa,
donde
posar la frente derramando lágrimas.
Y te
vemos llegar -figuración
de un
fabuloso espacio ribereño
con
toros, caracolas y delfines,
sobre la
arena blanda, entre la mar y el cielo,
aún
trémula de gotas,
deslumbrada
de sol y sonriendo.
Nos
anuncias el reino de la vida,
el sueño
de otra vida, más intensa y más libre,
sin
deseo enconado como un remordimiento
-sin
deseo de ti, sofisticada
bestezuela
infantil, en quien coinciden
la
directa belleza de la starlet
y la
graciosa timidez del príncipe.
Aunque
de pronto frunzas
la
frente que atormenta un pensamiento
conmovedor
y obtuso,
y
volviendo hacia el mar tu rostro donde brilla
entre
mojadas mechas rubias
la
expresión melancólica de Antínoos,
oh bella
indiferente,
por la
playa camines como si no supieses
que te
siguen los hombres y los perros,
los
dioses y los ángeles,
y los
arcángeles,
los
tronos, las abominaciones...
Jaime Gil de Biedma
A que
vens tu agora,
juventude,
encanto
descarado da vida?
O que é
que te traz à praia?
Estávamos
tranquilos os mais velhos
e cá
vens tu a ferir-nos, com reviver
os
nossos sonhos impossíveis,
cá vens
a remexer-nos a imaginação.
Erguida
das ondas,
toda
brilho, fulgor, sensação pura
e jeito
de animal bravio,
avanças
para a margem
com teus
peitos pequenos e rosados,
com
nádegas de malícia tal como o sorriso,
ó deusa
esbelta de tornozelo grosso
e com a
insinuação (tão tua)
do
ventre, a dar passagem
para as
coxas, beleza delicada,
precisa
e indecisa,
para se
pousar a fronte
e deixar
correr as lágrimas.
E
vemos-te chegar - figuração
de um
fabuloso espaço ribeirinho
com
toiros, búzios e golfinhos,
sobre a
areia mole, entre o mar e o céu,
ainda
trémula de gotas,
deslumbrada
de sol e sorrindo.
Anuncias-nos
o reino da vida,
o sonho
de outra vida, mais intensa e mais livre,
sem
desejo inflamado como um remorso
-
sem desejo de ti, bestinha
infantil
sofisticada, juntando
a beleza
directa da starlet
e a
timidez graciosa do príncipe.
Embora
de repente franzas
a testa
com um pensamento
obtuso e
comovido,
e
virando a cara para o mar,
onde
brilha a expressão melancólica de Antinoo,
ó bela
indiferente,
pela
praia caminhes como se não te soubesses
seguida
pelos homens e pelos cães,
pelos
deuses e anjos e arcanjos,
por
trovões, por abominações…
(Trad.
A.M.)




