3.2.10

Antonio Gamoneda (Más lembranças)





MALOS RECUERDOS


La vergüenza es un sentimiento revolucionario
(Karl Marx)



Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.

Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra,
sucia y pequeña.

Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así. Ella gemía
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).

Aquella perra iba con nosotros a
las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.

Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta de un soldado.

Le escribía su madre. No recuerdo:
“¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero…”

Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
“Tu madre que te quiere”. No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.

Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.

Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.



Antonio Gamoneda







Pendurados do coração tenho
uns olhos de cadela e, mais abaixo,
uma carta de mãe camponesa.

Quando eu tinha doze anos,
alguns dias, ao escurecer,
íamos para a cave com uma cadela,
pequena e muito suja.

Dávamos-lhe com uma corda e a seguir
com as lascas e os ferros. (Era
assim. Era assim. Ela gania,
pelo chão a pedir, mijava-se e
nós pendurávamo-la para ser ainda melhor).

Essa cadela ia connosco
para os campos e quebradas. Era
veloz e amava-nos.

Quando eu tinha quinze anos,
não sei como, um dia chegou-me
ela com uma carta de um soldado.

Escrita pela mãe. Já não me lembro:
“Quando é que vens? Tua irmã não me fala.
Dinheiro não te posso mandar...”

E, dentro do envelope, dobrados,
cinco selos e papel de fumar para o filho.
“Tua mãe que te ama”. Não recordo já
o nome da mãe do soldado.

Essa carta não chegou ao destino:
eu roubei o papel de fumar ao soldado
e rasguei as palavras que diziam
o nome da mãe.

A minha vergonha é tão grande como este meu corpo,
mas mesmo que tivesse o tamanho da terra,
eu não era capaz de voltar atrás e tirar a corda à cadela
nem de enviar a carta do soldado.


(Trad. A.M.)


> Dedicado a Pedro C., que enviou o original

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