FÁBULA DEL QUE QUISO DEJAR ESCRITO SU EPITAFIO
Se le ocurrían a diario.
Irónicos algunos, otros
más trascendentales.
Demasiado largos o demasiado escuetos.
Inexactos como emblema de una vida
o triviales para el mármol.
Una mañana de tantas,
su cuerpo le resultó desconocido.
La evidencia de un proceso callado,
aunque manifestado de repente,
como un acto de magia:
el hombre sonriente y temeroso
que entró en el cajón de espadas
del ilusionista
y salió de allí transformado en quién.
El espejo,
el acostumbrado a mentir,
decía su verdad incontestable.
La
revelación de una certeza postergada.
Y entonces lo vio claro:
QUIEN MURIÓ EN MÍ YA NO ERA YO.
Felipe Benítez Reyes
Ocorriam-lhe todos os dias,
irónicos uns, outros
mais transcendentes,
muito longos ou demasiado curtos,
inexactos como emblemas de uma vida
ou triviais para o mármore.
Uma manhã de tantas,
o corpo pareceu-lhe desconhecido,
sinal de um processo silencioso,
mas de súbito manifesto,
como um acto de magia:
o homem sorridente e receoso
que entrou na caixa de espadas
do ilusionista
e dali saiu transformado em ninguém.
O espelho,
habituado a mentir,
dizia a sua verdade incontestável.
A
revelação de uma certeza postergada.
E então viu claro:
QUEM MORREU EM MIM JÁ NÃO ERA EU.
(Trad. A.M.)

