EL CAFÉ CON ESPEJOS
Era un café y estábamos charlando.
Un extraño café de gigantescas sillas
con unos veladores diminutos.
A nuestro alrededor rostros borrosos
o, más exactamente, unos hombres sin rostro;
y así no me extrañó todo el silencio
de aquel local de espejos infinitos.
No puedo recordar de qué charlaba,
pero sí mi alegría y la viveza,
sin duda exagerada, de mis gestos.
Él me dejaba hablar, indiferente
a toda la pasión que había en mis palabras.
De repente me dijo con voz bronca:
“¿Y tú qué harás ahora que estás muerto?”.
Al principio no supe comprenderle,
tan estúpido aquello, tan falto de sentido,
y volví la cabeza. En los espejos
quise mirar mi rostro, pero era el de mi padre
el que veía en ellos. “¿Al fin te has dado
cuenta?”.
“¿De qué?”, le pregunté. “De que
eres un sueño,
hijo mío”.
Abelardo Linares
Era um café e estávamos na conversa,
um estranho café de cadeiras gigantescas
com umas mesas muito pequenas.
Em volta rostos vagos
ou, mais exactamente, alguns homens sem rosto;
e daí que eu não estranhasse aquele silêncio todo
no meio de espelhos infinitos.
Não me consigo lembrar de que falava,
mas sim da minha alegria, da vivacidade dos gestos,
por certo exagerada.
Ele deixava-me falar, indiferente
àquela paixão toda das minhas palavras.
De repente, diz-me com voz rouca:
‘E tu que vais fazer, agora que estás morto?’
A princípio não consegui compreender,
de tão estúpido aquilo, tão falto de sentido,
e virei a cabeça. Nos espelhos,
quis olhar para a minha cara, mas era a de meu pai
que estava a ver: ‘Afinal deste-te conta?’
‘De quê?’, perguntei?
‘De que és um sonho, meu filho’.
(Trad. A.M.)

