18.5.26

Juan Luis Panero (Diante da estátua)




FRENTE A LA ESTATUA DEL POETA LEOPOLDO PANERO 


Poeta húmedo como Darío
te define Oreste Macrí
en la última edición de su antología.
Por supuesto no descubre nada nuevo,
el asunto de tu bebida ha dado ya mucho que hablar
y por otro lado la comparación con Rubén Darío es bastante honorable.
También se han comentado tus proezas en los burdeles
y algunos de tus amigos las suelen repetir
adornándolas con pintorescos detalles
(aunque es muy posible que esto te divertiría saberlo).
En cuanto a los arranques violentos de tu genio
para que mencionar lo que todos sabemos.
Sin embargo, para la Historia ya eres:
cristiano viejo, caballero de Astorga,
esposo inolvidable, paladín de los justos.
Y también en todo eso hay algo de verdad.
Sin duda eras un tipo raro y bien curioso.
Rojo para unos, amigo de Vallejo, condenado en San Marcos,
y azul para los otros, amigo de Foxá, poeta del franquismo.
"La caterva infiel de los Panero,
los asesinos de los ruiseñores",
que airadamente escribió Neruda.
Y tu final -gordo y escéptico-,
con tus trajes ingleses que tanto te gustaban
y tu whisky en la mano, trabajando para una compañía norteamericana.
Y años después canonizado en revistas y libros
(excepto la alusión de Macrí), números de homenaje
y las calles de Leopoldo Panero
y las lápidas de Leopoldo Panero
y el premio Leopoldo Panero
y el colegio Leopoldo Panero
y tu efigie entre otras ilustres
en los muros solemnes del Ateneo
y por fin esta estatua de Leopoldo Panero
que contemplo en un helado atardecer
mientras llueve a lo lejos sobre el Teleno.
De verdad, me gustaría saber
si los muertos conservan un cierto sentido del humor
y frente a tu noble cabeza de patricio romano
(que podría escribir cualquier cretino)
"poeta arraigado", "poeta de la esperanza",
"leonés sajonizado", "hombre de secreto",
"eximio vate", "gloria de nuestras letras",
etc., etc., etc.,
con tu libro de piedra sobre las rodillas
y tus ojos perdidos -extraño personaje-
puedes sonreír irónico y distante,
pensando en tu batalla perdida de antemano.
Yo así te lo deseo y no sin cierta envidia
-estar muerto en España es un lujo envidiable-
esta noche en tu casa mientras me sirvo un whisky
y en el pesado vaso de cristal rayado
el alcohol venerable y tu hijo primogénito
(por supuesto menos venerable) te rinden
-y no es broma- su más fiel homenaje.

 
JUAN LUIS PANERO
Desapariciones y fracasos
(1978) 

 

Poeta húmido como Darío,
assim te define Oreste Macri
na última edição da sua antologia.
Não descobriu sem dúvida nada de novo,
o caso da tua bebida deu já muito que falar
e por outro lado a comparação com Rubén Darío é bastante honrosa.
Também se comentaram as tuas proezas nos bordéis
e alguns amigos teus contam-nas com pitorescos detalhes
(embora isto possivelmente te divertisse sabê-lo).
Quanto aos teus arrancos de génio,
não falemos do que todos sabem.
Mas para a História és desde já: cristão velho, cavaleiro de Astorga,
esposo inolvidável, paladino dos justos.
E também nisto há algo de verdade:
eras sem dúvida um tipo esquisito e bem curioso,
vermelho para uns, amigo de Vallejo, condenado em San Marcos,
e azul para os outros, amigo de Foxá, poeta do franquismo.

‘A caterva infiel dos Paneros,
os assassinos dos rouxinóis’,
como iradamente escreveu Neruda.
E o teu final – gordo e céptico –
com teus fatos ingleses que tanto apreciavas
e teu uísque na mão, trabalhando para uma empresa americana.
E anos depois canonizado em livros e revistas
(excepto a alusão de Macrí), números de homenagem
e as ruas de Leopoldo Panero
e as lápides de Leopoldo Panero
e o prémio Leopoldo Panero
e o colégio Leopoldo Panero
e a tua efígie entre outras ilustres
nos muros solenes do Ateneu
e por fim esta estátua de Leopoldo Panero
que eu contemplo num entardecer gelado
enquanto chove ao longe sobre o Teleno.
De verdade, gostava de saber
se os mortos guardam um certo sentido de humor,
e frente à tua nobre cabeça de patrício romano
(como qualquer cretino podia escrever)
‘poeta arraigado’, poeta da esperança’,
‘leonês saxonizado’, ‘homem de segredo’,
‘exímio vate’, ‘glória das nossas letras’,
etc. etc. etc.
com teu livro de pedra nos joelhos
e teus olhos perdidos – estranha personagem –
se podes sorrir irónico e distante,
pensando na batalha perdida de antemão.
Eu assim to desejo e não sem certa inveja
– pois estar morto em Espanha é um luxo invejável –
nesta noite em tua casa, a servir-me um uísque
e no pesado copo de vidro riscado
o álcool venerável e teu filho primogénito
(menos venerável, por certo) rendem-te
 – fora de brincadeiras – a sua mais fiel homenagem .
 

(Trad. A.M.)

 .