TESTAMENTO VITAL
Dejo a todos mis versos si es que os sirven de
algo,
mis pecados peores que os llevarán al cielo
donde moran los ángeles caídos y las ángeles
que nunca respetaron el sexto mandamiento.
Os dejo las promesas que jamás he cumplido,
cuatro sueños frustrados, pendientes todavía,
algunas esperanzas que dejé abandonadas
y el deseo de un cuerpo en mis noches vacías.
Y a todos, todos, dejo el brillo de la luna,
la angustia de los lunes y el miedo a un Dios de
cólera.
Os dejo la manzana del Edén y mi odio
al dolor de los niños. Y dejo mis caricias
a los hombres que fueron derrotados conmigo.
Os dejo, pues, mi rabia frente a lo que es
injusto,
también mi cobardía y mi miedo ante aquellos
que compraron por nada mi silencio más
cómplice.
Y ganaron con trampas mi vida en el tablero.
Os dejo mi tristeza. Cuidadla con cariño.
Y el recuerdo de largos paseos en la noche,
de tardes de noviembre y playas en verano,
de esos trenes nocturnos y frías
estaciones,
y esta extraña nostalgia por los puertos lejanos.
Os dejo la añoranza de un verano en Lisboa,
el olor de la hierba cuando llueve en la
aldea,
esa belleza mágica de los cielos con nubes.
La luz de una farola y una calle desierta.
A los que me ofendieron les dejo mis ofensas.
Y a mis amigos dejo esos bares de barrio
que nos dieron el vino y el pan de la amistad.
A ti, solo a ti dejo, la dicha que te debo,
las noches más hermosas y este amor, viejo amor.
Rodolfo Serrano
Deixo meus versos a todos se vos servirem de alguma coisa,
meus pecados maiores que vos levarão ao céu
onde moram os anjos caídos e as anjas
que nunca respeitaram o sexto mandamento.
Deixo-vos as promessas que jamais cumpri,
quatro sonhos frustrados, pendentes ainda,
algumas esperanças já abandonadas
e o desejo de um corpo nas minhas noites vazias.
E a todos, todos, deixo o brilho da lua,
a angústia das segundas e o medo a um Deus de cólera.
Deixo-vos a maçã do Paraíso e meu ódio
à dor das crianças, legando meus carinhos
aos homens comigo derrotados.
Deixo-vos, depois, minha raiva face à injustiça,
minha cobardia também e meu medo perante aqueles
que compraram por nada meu silêncio mais cúmplice,
e ganharam com truques minha vida no tabuleiro.
Deixo-vos a minha tristeza, tratai-a com carinho,
mais a lembrança de longos passeios nocturnos,
de tardes de Novembro e praias de verão,
de comboios da noite e frias estações,
e esta nostalgia estranha por portos longínquos.
Deixo-vos a saudade de um verão em Lisboa,
o cheiro da erva quando chove na aldeia,
aquela beleza mágica dos céus com nuvens,
a luz de um candeeiro e uma rua deserta.
Aos que me ofenderam lego as minhas ofensas,
deixando aos amigos aqueles bares de bairro
que nos deram o vinho e o pão da amizade.
A ti, só a ti, deixo a ventura que te devo,
as noites mais belas e este amor, velho amor.
(Trad. A.M.)
