12.2.26

Eloy Sánchez Rosillo (Deixo a porta aberta)




 DEJO LA PUERTA ABIERTA  

 

Para vosotros, que vendréis al mundo
cuando yo me haya ido,
escribo este poema.
No sé; tal vez un día,
gracias a los azares que entreteje
la vida a cada instante,
os traerán vuestros pasos hasta él.
Dejo su puerta abierta por si acaso
y empiezo a imaginar como certeza
lo que es tan sólo un sueño.  

En mi poema puede verse el cuarto
en el que escribo hoy. Entrad, entrad
con toda confianza,
a pesar de mi ausencia.
Y aproximaos al balcón. Transcurre
una tarde hermosísima
de finales de agosto. 

Después de tantos días implacables
de luz arrasadora,
el tiempo ha dado un giro inesperado.
Son una bendición para los ojos
estas horas distintas. Se diría
que anda de retirada ya el verano.
Da pena despedirlo
(todo lo que se va nos duele al irse),
pero el cambiar también es alegría.  

Por momentos están amontonándose
nubes negras y grises en el cielo
y el viento las trajina y las sojuzga
sin miramiento alguno.
La tarde se oscurece más y más.
Y al fin rompe a llover. Qué maravilla.
Llueve con fuerza, a ráfagas violentas,
y las fulguraciones enlazadas
de incesantes relámpagos
abren paso a los truenos,
que tropiezan y ruedan allá arriba
con estruendo imponente.  

Mirad y oled la lluvia,
disfrutad de esta tarde en la que no
podremos estar juntos.
Sabed que la escribí con regocijo.
Y que pensé en vosotros.

Eloy Sánchez Rosillo

 

É para vós, chegados a este mundo
quando eu já tiver partido,
que eu escrevo este poema.
Não sei, talvez um dia,
pelos acasos que a vida tece
a cada instante,
vossos passos vos trarão até aqui.
Deixo para tal caso a porta aberta
e ponho-me a imaginar como certeza
o que por ora é só um sonho.

Pode ver-se o quarto no meu poema,
este em que escrevo hoje. Entrai,
entrai à confiança,
apesar da minha ausência.
E chegai à varanda, está
uma tarde belíssima
de fins de Agosto.

Depois de tantos dias implacáveis
de luz arrasadora,
o tempo deu uma volta inesperada.
São uma bênção para a vista
estas horas diferentes, dir-se-ia
que o verão está já em retirada.
Dá pena impô-lo
(tudo o que se vai nos custa ao ir-se)
mas mudar também é alegria.

Por momentos amontoam-se
nuvens de negro e cinza no céu
e o vento arrasta-as e subjuga-as
sem a mínima consideração.
A tarde escurece mais e mais,
e por fim rompe a chover. Que maravilha,
chove com força, bátegas violentas,
e as fulgurações ligadas
com incessantes relâmpagos
abrem passo aos trovões,
que tropeçam e rodam lá em cima
com estrondo impoente.

Olhai para a chuva e cheirai,
desfrutai esta tarde em que não
poderemos estar juntos.
Sabei que a escrevi satisfeito
e que pensei em vós.


(Trad. A.M.)

.