2.4.26

Jaime Gil de Biedma (Hino à juventude)




HIMNO A LA JUVENTUD

 

A qué vienes ahora,
juventud,
encanto descarado de la vida?
Qué te trae a la playa?
Estábamos tranquilos los mayores
y tú vienes a herirnos, reviviendo
los más temibles sueños imposibles,
tú vienes para hurgarnos las imaginaciones. 

De las ondas surgida,
toda brillos, fulgor, sensación pura
y ondulaciones de animal latente,
hacia la orilla avanzas
con sonrosados pechos diminutos,
con nalgas maliciosas lo mismo que sonrisas,
oh diosa esbelta de tobillos gruesos,
y con la insinuación
(tan propiamente tuya)
del vientre dando paso al nacimiento
de los muslos: belleza delicada,
precisa e indecisa,
donde posar la frente derramando lágrimas. 

Y te vemos llegar -figuración
de un fabuloso espacio ribereño
con toros, caracolas y delfines,
sobre la arena blanda, entre la mar y el cielo,
aún trémula de gotas,
deslumbrada de sol y sonriendo. 

Nos anuncias el reino de la vida,
el sueño de otra vida, más intensa y más libre,
sin deseo enconado como un remordimiento
-sin deseo de ti, sofisticada
bestezuela infantil, en quien coinciden
la directa belleza de la starlet
y la graciosa timidez del príncipe. 

Aunque de pronto frunzas
la frente que atormenta un pensamiento
conmovedor y obtuso,
y volviendo hacia el mar tu rostro donde brilla
entre mojadas mechas rubias
la expresión melancólica de Antínoos,
oh bella indiferente,
por la playa camines como si no supieses
que te siguen los hombres y los perros,
los dioses y los ángeles,
y los arcángeles,
los tronos, las abominaciones...
 

Jaime Gil de Biedma 

 

A que vens tu agora,
juventude,
encanto descarado da vida?
O que é que te traz à praia?
Estávamos tranquilos os mais velhos
e cá vens tu a ferir-nos, com reviver
os nossos sonhos impossíveis,
cá vens a remexer-nos a imaginação. 

Erguida das ondas,
toda brilho, fulgor, sensação pura
e jeito de animal bravio,
avanças para a margem
com teus peitos pequenos e rosados,
com nádegas de malícia tal como o sorriso,
ó deusa esbelta de tornozelo grosso
e com a insinuação (tão tua)
do ventre, a dar passagem
para as coxas, beleza delicada,
precisa e indecisa,
para se pousar a fronte 
e deixar correr as lágrimas. 

E vemos-te chegar - figuração 
de um fabuloso espaço ribeirinho
com toiros, búzios e golfinhos,
sobre a areia mole, entre o mar e o céu,
ainda trémula de gotas,
deslumbrada de sol e sorrindo. 

Anuncias-nos o reino da vida,
o sonho de outra vida, mais intensa e mais livre,
sem desejo inflamado como um remorso
 - sem desejo de ti, bestinha
infantil sofisticada, juntando
a beleza directa da starlet
e a timidez graciosa do príncipe. 

Embora de repente franzas 
a testa com um pensamento 
obtuso e comovido, 
e virando a cara para o mar,
onde brilha a expressão melancólica de Antinoo,
ó bela indiferente,
pela praia caminhes como se não te soubesses
seguida pelos homens e pelos cães,
pelos deuses e anjos e arcanjos,
por trovões, por abominações…
 

(Trad. A.M.)

 .