5.2.16

Uberto Stabile (Maldita seja a poesia)





MALDITA SEA LA POESIA



Yo he visto
los mejores poetas de mi generación
desterrados, desheredados,
ocultos en el fondo de los bares,
y he visto sus miradas
como versos trepidantes
cabalgar hacia el final de la noche,
y he visto su ternura descuartizada
por la abundancia de quienes les temen
y en su miedo los hacen grandes.
He visto en la bondad de sus gestos
la rebeldía de un mundo
que no necesita orden ni ley para ser justo,
la testaruda razón de quienes a la vida responden con la vida misma.
Yo he visto
una canción que no tenía letra ni remite,
y ellos la entendieron.
Les he visto levantarse
contra los versos exquisitos y subalternos,
les he visto encadenarse a las escavadoras
para frenar la destrucción de su tierra,
de su conciencia,
y nadie los invitó a los palacios de Doñana
y mucho menos a editar poemas
bajo el sello hipócrita
de quienes lavándose la cara
ensucian el mundo.
He visto como se engañaban para seguir perdiendo en un círculo de ganadores,
como alacranes en mitad de un fuego
que desintegra y reduce
la inteligencia y el miedo.
Y por todo ello han sido procesados,
sentenciados, condenados,
abocados a la indigencia laboral
y clandestinidad de la palabra.
Yo he visto
los mejores poetas de mi generación
romper los versos a conciencia,
"porque bien ya otros lo hacen
y no ha ocurrido nada" (Eladio Orta).
En su profunda voluntad de cambio,
en sus humanas contradicciones,
en su maldita y genial resistencia
frente al pensamiento único,
he visto a los poetas de mi generación perder sus mejores oportunidades,
y no ha pasado nada,
pues nada hay más digno
que ser consecuente y efímero
en todo momento y verso.
Sólo la vocación devuelve
el género a su origen,
esa maldita poesía que nos hace libres
frente a la tradición.

Uberto Stabile




Eu vi
os melhores poetas da minha geração
desterrados, deserdados,
escondidos no fundo dos bares,
e vi seus olhares
como versos trepidantes
cavalgar para o fim da noite,
e vi sua ternura destroçada
pela abundância dos que os temem
e em seu temor os fazem grandes.
Vi-lhes na bondade do gesto
a rebeldia de um mundo
que não precisa lei nem ordem para ser justo,
a teimosa razão de quem à vida responde com a vida mesma.
Vi uma canção sem letra nem remetente
e eles entenderam-na.
Vi-os erguer-se
contra os versos refinados e submissos,
vi-os amarrar-se às escavadoras
para travar a destruição da sua terra e da consciência,
e ninguém os convidou para os palácios de Doñana,
muito menos para editar poemas com o selo hipócrita
dos que ao lavar a cara emporcalham o mundo.
Vi como se enganavam para perder
numa roda de ganhadores,
como lacraus numa fogueira que desintegra e reduz
a inteligência e o medo.
E por tudo isso processados foram,
sentenciados e condenados,
amarrados à indigência no trabalho,
à palavra clandestina.
Vi os melhores poetas da minha geração
quebrar os versos à consciência
“porque outros também o fazem
e não aconteceu nada” (Eladio Orta).
Com sua sede de mudança,
suas humanas contradições,
sua resistência ao pensamento único,
vi os poetas da minha geração
perder as oportunidades,
e não aconteceu nada,
porque não há nada mais digno
do que ser consequente e efémero
em qualquer tempo e verso.
Só a vocação devolve o género à sua origem,
essa maldita poesia que nos faz livres
perante a tradição.

(Trad. A.M.)

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